España tiene con esta alcireña su particular «Hércules de bolsillo». Con 48 kilos ha reeditado su título continental de halterofilia levantando más del doble de su peso corporal . Aún en uno de los deportes más minoritarios y menos reconocidos; su nueva gesta no puede pasar desapercibida.

2007-04-17_Ct_Europa_2– ¿Podría explicar qué es lo que hizo para ser la mejor de Europa
– Cuando llegué, lo hice con la idea de llegar lo más lejos posible, pero sabiendo que reaparecía la turca campeona olímpica (Nurcan Taylan). Sabía que iba a ser difícil repetir el título europeo del año pasado, pero cuando fui la mejor en arrancada me dio mucha moral para los dos tiempos, donde siempre he sido mejor.

– Para alcanzar los 48 kilos, ha tenido que bajar cuatro o cinco.
– Dos meses antes pesaba 54 y a partir de ahí empecé a controlarme. En las últimas tres semanas ya pasé prácticamente a hacer un buen desayuno, un almuerzo menor y prácticamente nada de cena. Llegué a la competición con 47,5 kilos, pero en los últimos días he pasado hambre. Me sabía mal que alguien dejara comida en el plato.
– Y ahora que ha vuelto a ganar en Europa, todos se frotan las manos pensando en una medalla olímpica. ¿Ha quedado por delante de todas sus posibles rivales
– ¡En absoluto!. En la halterofilia femenina las mejores son las asiáticas. Hay una china, una tailandesa y una japonesa que son buenísimas. Veremos qué pasa en septiembre en el mundial, donde el año pasado fui quinta.

– Cuando en un deporte minoritario se gana un metal, en seguida viene la otra historia: la de las penurias que se pasan. ¿Usted cómo vive?
– No me va mal, a medias. Mientras esté en competición puedo vivir bien de esto. Pero el problema es cuando me retire: he sacrificado los estudios por la halterofilia y el día que tenga que ir a una entrevista de trabajo, ya veré de qué me sirve decir «he sido campeona de Europa».

– Cuando su hermano se la llevó con once años a levantar pesas ya sabía en lo que se metía, en un deporte que aquí no arrastra nada.
– Lo sé. La halterofilia es como otros deportes minoritarios que no se venden por televisión. Ojalá todos se midieran por el mismo rasero.

– ¿Se ha equivocado de país?
– Estoy muy contenta de ser valenciana y española. Aunque no es menos verdad que, por ejemplo, en Grecia y en Turquía son deportes nacionales. Si hubiese nacido en alguno de esos paises, quizá ya tendría la vida resuelta. Sería millonaria.

– ¿Y eso tiene solución?
– La tiene en otros paises. En estos dos, por ejemplo, les dan puesto de trabajo como policía incluso no ejerciendo; en Alemania muchos son del ejército…

– Me va a disculpar, pero halterofilia se asocia demasiado con esteroides, hormonas y tramposos.
– Ahora lo están controlando mucho más. Pero si a mi me dijeran que con esa pastilla sería campeona olímpica, siempre pensaría que estoy jugando con mi salud. Te la tomas y te deformas. Te aparecen granos en la cara… hasta barba.

– ¿Usted ha visto halteras y ha pensado: «¡anda ya!»
– Ahora se ve menos, pero claro que he visto competidoras que te hace preguntarte si estás en una competición femenina o si han juntado a hombres y mujeres.

– Pues me va a disculpar, pero a usted se le ve muy femenina.
– Son las cosas que me enfadan. Que me pregunten si hago gimnasia rítmica o fittness. Pues no: hago halterofilia.

– ¿El mundo es injusto con la halterofilia
– Mucho. Hablas de halterofilia y piensas en seguida en un armatoste de 120 kilos y la gente está muy equivocada. Este es un deporte para personas de todos los pesos y tamaños. Por supuesto, yo soy musculosa; pero prefiero ser así que no poder ni mover las rodillas.

– Ya que hablamos de injusticias, las imágenes que suelen salir de su deporte son las mismas: señores que se dislocan un codo, que se comen la barra en un intento fallido…
– En la halterofilia parece que siempre se busca el morbo. Por supuesto que hay lesiones, como las hay en todos los deportes. Pero el haltera es una persona que se prepara mucho y que lo último que quiere es lesionarse, pero nadie está blindado ante un mal gesto o a poner más kilos de lo que debía.

– ¿Puede jurar que su deporte, televisivamente, puede dar juego.
– ¡Por supuesto que sí!. Claro que hay competiciones que llega uno y arrasa. Pero, por ejemplo, en la competición que gané yo estuvo muy reñido. Cada una de las que optábamos nos íbamos superando kilo a kilo. En televisión debió ser estupendo.

Moises Domínguez / Levante-EMV